La risa de la medusa: Ensayos sobre la escritura

Hélène Cixous | La risa de la medusa: Ensayos sobre la escritura

Bajo el título de La risa de la medusa. Ensayos sobre la escritura, se recogen en este volumen varios textos de Hélène Cixous, publicados originariamente en francés entre los años 1975 (“La jeune née”), 1979 (“Vivre l’orange”) y 1989 (“L’heure de Clarice Lispector”). En ellos Cixous desgrana las claves de su pensamiento feminista, realizando para ello un minucioso ejercicio deconstructivista del discurso falogocéntrico tradicional con el fin de anunciar en su lugar “un pensamiento otro”, en el que el papel de lo femenino y, sobre todo, de la escritura femenina (con Clarice Lispector como piedra de toque) ocupa un lugar privilegiado.

El pensamiento de Hélène Cixous parte de una premisa básica: su rechazo radical de la tradicional jerarquización del discurso (filosófico, literario, cultural) en oposiciones binarias, por considerarla una disposición reduccionista que somete siempre de forma violenta uno de los términos de la pareja.

Fruto de este dualismo es la marginación que ha sufrido a lo largo de la Historia la mujer, asociada dentro de un esquema falogocéntrico a lo femenino/pasivo en oposición dialéctica con lo masculino/activo, que la ha convertido en mero objeto, en durmiente bella pero expectante, aguardando la mirada que la habite (“ella es sólo esta forma hecha para él: cuerpo prisionero de su mirada”, p. 19). Lo que Cixous denomina “la gran impostura masculina” es esta concepción tradicional del deseo masculino vinculada a la apropiación, a la destrucción del otro, de lo otro, de lo no-propio entendido como amenaza, o, en términos psicoanalíticos, como castración.

La puesta en crisis del sistema patriarcal que supone la lúcida labor cixousiana invita a inaugurar un nuevo ámbito de reflexión-acción que dé cabida a un pensamiento de “la diferencia” (entendida en términos derridianos) una de cuyas bases, según explica en La joven nacida, es la economía libidinal femenina, no apropiadora como la masculina, sino “dadora”, no excluyente (“si existe algo’ propio” de la mujer es su capacidad para des-apropiarse sin egoísmo”, p. 48). De ahí que hable de la bisexualidad femenina concebida como la inscripción del otro en el sí mismo, característica más difícil de hallar en el hombre, ya que la presión del sistema falocéntrico le exige “aspirar a la gloriosa monosexualidad fálica”, p. 45.

Para Cixous, el ámbito privilegiado que puede cobijar este “dejarse atravesar por el otro” es la escritura, una escritura nueva, femenina, una escritura por-venir, como diría Blanchot. “Hoy la escritura es de las mujeres. No es una provocación, significa que: la mujer acepta lo del otro”, (p. 46). Escritura de las mujeres, pero no de ellas exclusivamente, ya que en Cixous el pensamiento de la feminidad elude cualquier restricción sexual hombre/mujer, para ampliarse en una nueva categoría que recoja, precisamente, este dar cabida a lo Otro, a lo tradicionalmente excluido, marginado.

Al escribir, la mujer se apropia por fin de su cuerpo, un cuerpo confiscado del que se le ha impedido gozar, un cuerpo que es el propio texto, o un texto que se materializa a través del propio cuerpo recobrado (“Texto, mi cuerpo”). Esta fisicidad de la escritura femenina (“sus escrituras son voces convertidas en manos”, p. 110) queda teorizada o más bien poetizada (imposible encorsetar la escritura cixousiana) en Vivir la naranja y en La hora de Clarice Lispector, textos en los que se nos muestra esta “venida a la escritura” de la mujer desde la óptica (el término no es vano, la vista juega un papel clave en toda la obra de Cixous) de la propia experiencia biográfica y de la lectura de la obra de la escritora brasileña.

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