La ética del placer

Graciela Hierro | La ética del placer

La ética feminista se ha “sexualizado” porque las mujeres, en tanto género, nos hemos creado a través de la interpretación que de los avatares de nuestra sexualidad hace el patriarcado. Sin duda, nuestra opresión es sexual; el género es la sexualidad del poder. Para proponer una ética feminista del placer es necesario adentrarse en la ética sexual y sus relaciones con el feminismo y hablar del erotismo femenino como condición necesaria para acceder a “otra forma de ser humano y libre, otra forma der ser…”, como dijo Rosario Castellanos cuando descubrió que “mujer que sabe latín ni encuentra marido ni alcanza buen fin”. La reflexión que hizo nacer el deseo de escribir acerca de la ética del placer surge de la lectura del libro Historia de la sexualidad, tomo I, de Michel Foucault. El filósofo francés no se refiere específicamente al placer y tampoco pretende escribir bajo la mirada feminista, propósito de este texto, pero se ocupa de los tres temas que son objeto de mi reflexión: las relaciones entre el poder, el saber y la sexualidad. Tres conceptos que se enlazan siempre en un discurso sexual referido exclusivamente a la sexualidad masculina. Por ello el poder se infiltra y controla nuestros cuerpos a través del placer. Esto se puede percibir en los numerosos discursos que sobre la supuesta liberación sexual se pronuncian.

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