Estado de exilio

Cristina Peri Rossi | Estado de exilio

La marcha de su tierra natal, Uruguay, a Europa obliga a la autora a plasmar en palabras la dislocación física y alienación psicológica padecidas en tierra extranjera; éstas producen una pérdida de la identidad – “Partir / es siempre partirse en dos”-, de la integridad, de la unidad del sujeto. Para elaborar su duelo la poeta se vale de la literatura, que tiene ahora un sentido de cura, de alivio y que, a su vez, fija de nuevo al sujeto, lo reestructura en esta búsqueda y encuentro de lo imprescindible. Peri Rossi utiliza la primera o tercera persona del plural, no por casualidad en masculino, para remitir a la universalidad de los que son disidentes y nombran el Otro Lado como espacio compartido. Espacio que sólo existe en la memoria y que permanece como deseo, convirtiéndose en un espejismo: “¿Existió alguna vez una ciudad llamada Montevideo?”.

Sin embargo, duelo y melancolía se tornan en ira, en la necesidad de denunciar las injusticias. Versos ácidos y críticos muestran con realismo la dureza del exilio: no encontrar trabajo, no tener comida, ni siquiera un puesto donde dormir: “El exilio es comer moral, compañero”. Hasta que el viaje se transforma en un renacimiento, en el que el mar ha sido el útero materno. El destino es entonces otra ciudad, “Barnanit”, que opuesta y cercana al espejismo de Montevideo, da una nueva lengua, un nuevo mar y termina amándose. Entonces, el exilio es esa segunda oportunidad que surge del impulso libidinal del ser y de su necesidad de salvarse. Salvar del naufragio las ganas de vivir.

Aunque Estado de exilio fue escrito en 1972, durante los primeros años de exilio en Barcelona de Peri Rossi, permaneció inédito hasta 2003, cuando fue premiado con el XVIII Premio Internacional de Poesía Rafael Alberti. No era, sin embargo, desconocido, como lo demuestra que en 1979 obtuviera también el premio “Casa de las Américas”. Peri Rossi no lo publicó, como la misma autora aclara en el prólogo, por pudor, por no querer hacer público ese dolor compartido. Efectivamente, se hubiera convertido en el primer poemario del exilio latinoamericano a raíz de las dictaduras de los años 70.

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